Las redes reabren el debate de la “convivencia” entre las bicicletas y los coches en las carreteras

El fallecimiento de un ciclista de 33 años ocurrido el pasado miércoles en San Mateo tras un accidente ha reabierto, si es que estaba cerrado, el debate en las redes de la convivencia entre las bicicletas y los coches en las carreteras.

Este debate, que se reaviva notablemente cada vez que se produce un suceso con graves consecuencias como esta semana, se divide generalmente entre quienes defienden el uso de las carreteras por parte de los ciclistas y quienes consideran que el uso de las vías debería restringirse de alguna manera a los mismos.

Los defensores de que las bicicletas puedan circular por las carreteras disfrutando de los mismos derechos que los conductores de otro tipo de vehículos vienen reivindicando hace tiempo diferentes cuestiones, que van desde la mejora de la seguridad en las vías, a la habilitación de carriles bici y la mejora de los existentes. Muchos son también los que aseguran que existe una falta de civismo generalizada por parte de los conductores de otros vehículos hacia los ciclistas, señalando que de forma habitual se producen adelantamientos que pueden suponer un riesgo para las personas que van en bicicleta habida cuenta de la situación de desventaja en la que se encuentran frente a quienes viajan en un vehículo a motor. Buena parte de los ciclistas que participan en este debate en las redes aseguran que “a menudo vemos pasar nuestra vida por delante por culpa de conductores irresponsables”, reclamando a la vez su derecho a usar las carreteras públicas de la misma forma que otros conductores.

En el otro lado del debate están quienes consideran que el número de personas que circulan en bicicleta por las carreteras ha aumentado de tal manera en los últimos años que se hace necesaria una regulación de las normas al respecto. Y es aquí donde se plantean posibilidades como la de exigir a los usuarios de bicicletas que dispongan de algún carné o acreditación que les capacite como conocedores de las normas y señalizaciones de tráfico o la de hacer obligatoria la contratación de un seguro que pueda responder ante posibles accidentes. Los más exigentes solicitan que se prohíba a los ciclistas la circulación por carreteras no urbanas o excesivamente estrechas, considerando que así se eliminarían de raíz todos los riesgos que puedan conllevar su presencia en las vías donde circulan vehículos a gran velocidad o donde no existen grandes posibilidades de reacción en situaciones inesperadas. En este sentido muchos insisten en diferenciar entre aquellos ciclistas que de alguna forma son profesionales o utilizan la bicicleta para hacer deporte con todas las precauciones y aquellos que salen a rodar por el asfalto con bicicletas que podrían estar en mal estado o sin llevar elementos de seguridad tan necesarios como el casco, lo que multiplica los riesgos.

Sin duda, lo que es indiscutible es que el creciente número de ciclistas que pierden la vida en las carreteras hace necesaria una reflexión global que sirva tanto para que la ciudadanía (ciclistas y no ciclistas) tome conciencia como para que las instituciones se pongan manos a la obra, de la forma que sea necesaria, para mejorar la seguridad de todos.

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