El portero cuelga las llaves

 Jose Luis Rguez Pulido Noticias de San Mateo“Después de 39 años dedicados a la comunidad educativa del CEIP Gómez Santos, ha llegado la hora de la despedida. 

Han pasado casi cuatro décadas compartiendo inquietudes e ilusiones, creciendo juntos, tanto física como intelectualmente, y hoy, antes de que llegue la fecha del adiós, quiero, si me lo permiten, darles las gracias. 

Gracias por dejarme recorrer juntos esa etapa de la vida.

Gracias por aportarme tanto a cambio de tan poco…, y aunque he disfrutado con lo que hacía, ahora toca descansar, estar con los amigos, viajar y disfrutar de las cosas buenas que nos ofrece la vida. 

Eternamente agradecido, un abrazo”.

 

Así rezaba la carta de despedida que el pasado mes de junio recibieron los padres y madres de los alumnos del CEIP Rafael Gómez Santos. José Luis Rodríguez, que ha ejercido como portero del colegio durante más de 39 años, se jubila. Y lo hace, dice, con sentimientos encontrados: feliz por la etapa que comienza y triste por la que deja atrás. “Es que el colegio ha sido mi vida. Aquella ha sido mi casa, allí nacieron mis hijos. ¿Cómo no me va a doler?”, señala.

Su cara le delata. Cuando habla del colegio siempre lo hace sonriente. Habla de los niños, de los padres y de sus compañeros, como quien lo hace de su familia. Han sido casi cuatro décadas de su vida dedicadas al centro. Allí ha vivido, reconoce, “muchísimos momentos buenos”. Cita, de carrerilla, las acampadas, las excursiones, las fiestas de fin de curso… y aprovecha para lamentar los cambios que ha traído consigo el paso de los años: “Ahora las cosas han cambiado. Antes nevaba, llamábamos a las guaguas y todos para arriba a ver la nieve y a pasarlo bien. Ahora ya hay que pedir permisos hasta para ir al polideportivo porque estás saliendo del colegio y cruzando una calle”.

Apreciaciones aparte, José Luis asegura que 39 años han dado para mucho y afirma con rotundidad que los buenos momentos tienen más peso en la balanza. Al otro lado de la pesa, cuando se le pregunta por recuerdos no tan buenos que haya podido vivir dentro de esta etapa, se hace el silencio. Traga saliva y sus ojos se humedecen. Reconoce que no suele emocionarse, pero recuerda, con la voz entrecortada, a los compañeros que se han ido. No puede hablar mucho sobre ello. Sólo acierta a decir que han sido momentos muy duros. Como el que vivió el pasado mes de junio, en el acto de despedida que le organizaron sus compañeros y amigos. Allí le dieron un abrazo de parte de un compañero que marchó hace apenas 3 meses y que, sabiendo de su destino, dejó pagada su parte para el regalo de despedida de José Luis. “Aquello me destrozó. Me llegó al alma”, afirma.

Pero el día de la despedida estuvo cargado también de sonrisas y gratos momentos. Llegaba el momento de recoger lo sembrado y la cosecha de José Luis estaba bien cuidada. Regada con esmero y constancia, florecieron incluso semillas plantadas hace más de 30 años en la figura de compañeros que llegaban de otras islas para formar parte del acto. Asegura que esperaba gratitud, pero no tanta.

 

3 generaciones

Mientras relata sus recuerdos, sentado en una terraza del casco de San Mateo, tiene que interrumpir la conversación más de una decena de veces. Lo hace para saludar a quienes pasean por los alrededores. Personas mayores, jóvenes, adolescentes y niños que se dirigen a él, todos con una sonrisa. Como el niño que pasea junto a dos compañeros y le grita a lo lejos “¡Feliz verano José Luis!”. Y él sonríe. Dice sentirse afortunado y querido: “He sido feliz allí y he aprendido mucho de todos”. Se refiere a las tres generaciones que han pasado por el colegio en todos estos años. Niños y niñas que además de grandes recuerdos, han protagonizado anécdotas que, de haberlas escrito, darían seguramente para un libro. Como la de aquella vez, cuando la profesora de Religión quería ver si sus clases sobre el Portal de Belén habían llegado a sus alumnos, y preguntó “¿Quién es el padre del Niño Jesús?” y tres niños gritaron a la vez “¡José Luis, José Luis!”. Y es que la figura y el trabajo de José Luis Rodríguez ha estado tan presente en el día a día de quienes han pasado por el colegio, que hasta en alguna ocasión, cuando se iba la luz en casa, los pequeños decían a sus padres “Llama a José Luis que él lo arregla”. Con todo, no es de extrañar que, preguntado por si volvería a ser el portero, se apresure a responder que sí.

 

Fin de una etapa

Ahora, con la mochila cargada de recuerdos, experiencias y enseñanzas, llega la hora de la jubilación, una decisión que se ha presentado agridulce para quien ha disfrutado tantos años de su trabajo. “Voy a seguir yendo por el colegio, ¡cómo no voy a ir! Pero es verdad que ahora empieza una nueva etapa. Hay que descansar, viajar y disfrutar mucho”.

El puesto de José Luis en el colegio, al menos de momento, quedará vacante. No se sabe si con el tiempo se ocupará la plaza, pero si algo es seguro es que como José Luis, no habrá otro.

2 comentarios en «El portero cuelga las llaves»

Deja un comentario