Sebastián Grimón: “Las campanas, además de ser historia y cultura, hacen un bien público y social”

La noticia de un nuevo escrito presentado por una veintena de vecinos solicitando al Ayuntamiento que inste a la Parroquia a silenciar las campanas de la Iglesia de San Mateo incluso de día, ha desatado nuevamente la polémica entre los vecinos.

Los casi 200 comentarios que los internautas han dejado en la página de Facebook de Noticias de San Mateo desde la pasada semana denotan un malestar general con esta nueva queja. Malestar que se siente también en la propia Parroquia, cuyo sacerdote, Sebastián Grimón, asegura que ya ha puesto el asunto en manos de abogados. Hablamos con él.

 

–  Las campanas han vuelto al centro de la polémica, ¿qué opinión le merece?

Absurdo. No lo entiendo. Las campanas hacen un servicio público, no privado. Hacen un bien a todo el pueblo, por lo que no entiendo que pueda haber ninguna ley, por muy ley que sea, que anule el servicio público para convertirlo en un servicio privado. Las campanas hacen un bien común para toda la comunidad. No se tocan cuando al cura le da la gana. No son un capricho ni del alcalde, ni de ningún partido. Hacen un servicio público y tienen un carácter histórico. A diario, cuando marcan las horas, las campanas marcan las pautas de convivencia de la sociedad, recuerdan a los vecinos lo que tienen que hacer en su día a día…  Según los datos que tenemos en la parroquia están sonando desde el año 1.803. Nunca han molestado, y ahora resulta que les molesta a unas cuantas personas.

 

–  El Ayuntamiento tendrá que requerir ahora a la Parroquia que regule el sonido de las campanas. ¿Qué va a hacer la Parroquia?
Yo ya he pedido al Ayuntamiento los escritos y las firmas que se han presentado porque he ido a un abogado y me ha dicho que le entregue todo para estudiarlo, y cuando lo vea veremos cómo tenemos que proceder. Por otro lado, hay mucha gente que me está diciendo que tenemos que recoger firmas a favor de que sigan sonando, que tenemos que manifestarnos… pero yo no quiero dar esos pasos aún a ver si cuando veamos los escritos podemos llegar a un entendimiento. Por eso yo le pido a los señores que han pedido la suspensión de las campanas, que tengan la amabilidad de retirar esos dos escritos.

–  ¿Se ha dirigido a usted alguna de las personas firmantes?
Nadie. Alguno incluso me ve por la calle y me vuelve la cara.

–  ¿Sería posible llegar a un acuerdo intermedio con las personas que se quejan?
Pues no lo sé. No lo sé porque, como le digo, a mí no se han dirigido, sólo sé que han entregado escritos en el Ayuntamiento, por lo que no sé realmente si es posible llegar a un acuerdo.

 

–  ¿Qué propone?

Pues les propongo, a las personas que se quejan, que piensen en el bien común. Y que si lo necesitan, tomen sus medidas. Que adapten sus casas, por ejemplo, con doble cristal para amortiguar el ruido. También hay tapones para los oídos… hay mil soluciones sin tener que perjudicar a todo un pueblo. Es mucha la gente que me dice por la calle que sin las campanas no se sabe ni la hora que es, y lo más increíble es que según sé, hay personas que han firmado que ni siquiera viven aquí a diario, sino que vienen sólo los fines de semana. Hay que ser serio y responsable. Las campanas forman parte de la historia de los pueblos.

 

– La nueva petición no pasa sólo por eliminar el sonido de las campanas de noche, sino también de día…
Por eso digo que es un absurdo. ¿Cómo van a quitar el sonido de las campanas del pueblo? Porque las campanas no son ni de la iglesia, ni del ayuntamiento, sino del pueblo. Fueron pagadas con dinero de gente del pueblo, de emigrantes que tuvieron que salir de aquí para poder sobrevivir.

 

–  A buen seguro, alguna persona de las que firmaron ese escrito, va a leer esta entrevista. ¿Qué le diría?
Que se paren a pensar, que piensen en la ciudadanía de San Mateo. Hay que pensar, insisto, en el bien común, en la historia, en la idiosincrasia del pueblo. Es más, les diría que no sólo habría que dejarlas como están, sino recuperar otra serie de toques que se hacían antes, como el Angelus, que antes se tocaba aquí a mediodía, o la Oración del Alba, que se tocaba de madrugada… En cualquier caso, nosotros vamos a luchar porque las campanas sigan sonando, como debe ser.