¿Está en extinción la vida rural?

Una invitación a la reflexión

Por Damián J. Ortega Gutiérrez
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La Vega de San Mateo, nuestra Vega, se ha caracterizado desde siempre por ser un lugar donde su entorno, eminentemente rural, ha jugado un papel fundamental en su devenir histórico. Su riqueza en aguas, sus tierras fértiles, un clima que favorece a la agricultura, a la ganadería y a otros tantos oficios que basan su actividad en el sector primario, han facilitado un desarrollo rural en el ámbito de Medianías de Gran Canaria que le han dado una
identidad rural que no se puede pasar por alto. Un atractivo que lo hace especial, bello y único. Montes, caminos, terrenos de cultivo… Encantos que visitantes locales y foráneos vienen buscando.

Ahora bien, el tiempo pasa y los tiempos cambian. La población se marcha del campo a zonas urbanas con más comodidades, las tierras se terminan abandonando a su suerte, los animales resultan ser cada vez menos… Una realidad que estamos viviendo en la actualidad, en el año 2019 y probablemente en años sucesivos.

El ritmo frenético de la vida actual, caracterizado por las nuevas tecnologías, la globalización, la comunicación más rápida y eficaz, mayores exigencias y responsabilidades en el trabajo y en los nuevos modelos de familia, no favorecen a la conservación del entorno rural del que hablamos. Ese frenetismo en la vida diaria se traduce en estrés, prisas, con consecuencias negativas y directas sobre la salud, lo que nos lleva a situaciones de altas susceptibilidades o hipersensibilidades frente a todo lo que sucede a nuestro alrededor. Una solución o remedio a este escenario es la vuelta al campo, a los orígenes, en busca de un descanso más natural, más tranquilo, encontrar un lugar para “desconectar”, lejos de ruidos, de tráfico, sirenas… Sin embargo, no podemos olvidar que ese lugar deseado y buscado no es sinónimo de silencio absoluto, no es un espacio aislado fabricado con un cartel de “no molestar”.

La nueva población del siglo XXI parece no conocer el estilo de vida que existe en el medio rural. Simplemente es distinto, pausado, con sonidos y colores propios de la naturaleza. Los gallos cantan al alba; los perros ladran desde que ven movimiento o acompañan los inicios de actividad; las cabras balan esperando su primera comida; los pájaros cantan y dan la bienvenida al nuevo día; el olor a estiércol a veces se siente tras haber limpiado los establos o las cuadras; las propiedades están delimitadas por serventías o caminos…Sonidos, olores y colores distintos al medio
urbano, inseparables del rural. ¿Sabríamos diferenciar el graznido de un cernícalo al cacareo de una gallina? ¡Por supuesto que sí! Es la riqueza de nuestro paisaje rural, de nuestra identidad.

Invito a reflexionar sobre lo que se viene a buscar, cuánto y por qué nos llegan a molestar cacareos, ladridos, cantos y olores propios de este entorno natural y humano. Si tenemos la capacidad de adaptarnos a una vida en un espacio que buscamos que sea diferente del que procedemos; si somos capaces de tolerar y respetar unos hábitos de vida que forman parte de un lugar geográficamente ubicado en un medio rural como es la Vega de San Mateo.

No se puede evitar que los pájaros canten, los perros ladren, los gallos cacareen, el viento ulule, el motor de un tractor o de un camión suene o el estiércol huela a excrementos. Invito a tomar conciencia del lugar en el que nos encontramos. Tratemos de vivirlo un poco más, y quejarnos menos, pues forma parte de lo que hemos venido
a buscar.