Reflexión

Por Álida Monzón Rodríguez

Y, en un abrir y cerrar de ojos, todo cambió. De buenas a primeras, nuestro mundo paró, de golpe y en seco. Las calles, los centros comerciales, las estaciones de guaguas, de tren, puertos y aeropuertos… todo vacío, en silencio, sin ajetreo, sin vida…

Y, en un abrir y cerrar de ojos, algo que ni siquiera podemos ver a simple vista, ha sido capaz de ponernos de rodillas, de cortarnos las alas, de sembrar el miedo en nuestras entrañas.

Y, en un abrir y cerrar de ojos, la Naturaleza, harta ya de vernos jugar a ser dioses, nos ha puesto en jaque a todos y cada uno de nosotros sin importar clases sociales, ideologías, religiones ni fronteras.
Mediante un organismo de estructura muy sencilla, o lo que es lo mismo, mediante un virus, nuestra Madre nos ha obligado a mirarnos a nosotros mismos, de frente y sin tapujos, para hacernos ver nuestra propia fragilidad, nuestra propia vulnerabilidad, haciéndonos conscientes de cuán equivocados estamos respecto a nosotros mismos y a nuestra forma de entender la vida.

Hoy empezamos a comprender el valor de un beso, de un abrazo, de una caricia… el verdadero valor del calor humano y real. Se nos ha tenido que arrebatar eso que ahora tanto anhelamos para entender que, lo que de verdad importa, lo que de verdad nos hace felices, siempre lo hemos tenido y mucho más cerca de lo que pensábamos.

Este virus nos está ofreciendo una oportunidad; otra oportunidad para reflexionar acerca de los horarios frenéticos, el consumo excesivo e innecesario, los viajes constantes, las jornadas de trabajo interminables, las carreras a contrarreloj. Ahora es momento de estar con nosotros mismos, de compartir con los nuestros, de escuchar a nuestros mayores, de jugar con nuestros hijos, de hacer aquello que tanto deseamos y para lo que nunca encontrábamos tiempo.

Y, mientras nosotros nos detenemos, la Naturaleza, cansada ya de nosotros y de nuestros abusos, se toma un tiempo para respirar y recuperarse de todo ese gran daño que le hemos venido ocasionando sin miramientos.

Hoy empezamos a comprender que no somos invencibles, ni imprescindibles, ni tan importantes; que no somos dioses. Y que, del mismo modo en que se nos da, también se nos arrebata.

Este virus nos brinda la oportunidad de unirnos y cuidarnos como Humanidad y de replantearnos nuestro papel y nuestro paso por este mundo. Aprovechemos la oportunidad, quizás no tengamos más.

Texto: Álida Monzón Rodríguez