Siembra de coles y sueños en Utiaca

Óscar Peña lleva toda su vida dedicándose, de una forma u otra, al sector agrario. Lo ha hecho como empleado, como pequeño autónomo y como mayorista. Desde hace unos años compagina su trabajo en «El Merca», donde regenta un puesto de frutas y verduras al mayor, con el cultivo de unos terrenos próximos a su casa, situada en la zona de Las Haciendas, en Utiaca.

Su historia es un testimonio de perseverancia y amor por la agricultura. Lo heredó, según cuenta, de su padre. Recuerda con cierta nostalgia sus inicios plantando y vendiendo en Las Salinetas y El Madroñal. Con el tiempo, el deseo de crecer lo llevó hasta Mercalaspalmas, donde hace ya 11 años tiene un puesto propio desde el que surte a bares, restaurantes, hoteles, colegios, guarderías… Tras un camino no exento de baches, hace algo más de 3 años decidió volver a cultivar la tierra. Lo hizo en un terreno familiar, donde comenzó a hacer pruebas plantando. Primero calabacinos, después papas y ahora coles. Allí, en aquellos terrenos donde la paz se mezcla con el olor a tierra y el canto de los pájaros se entrelaza con el susurro del viento, Óscar siembra este verano 70.000 coles que se verán, con total seguridad, afectadas por las olas de calor que han azotado las Medianías en agosto. Las condiciones meteorológicas son uno de los factores que determinan el éxito o el fracaso de la cosecha, pero hay otros agentes a tener en cuenta: las plagas, el riego, el estado de la tierra… Todo cuenta. Son tantas las particularidades de cada caso que al final se hace necesaria la técnica de prueba y error. Es, dice Óscar, la mejor forma de aprender lecciones de la tierra. Cada surco es una enseñanza. Prácticamente como en la vida.

 

Un trabajo infravalorado

Cuando habla de su relación con la agricultura sus palabras y sus gestos transmiten pasión. Su discurso desprende un entusiasmo vivo por una profesión que está llena de desafíos y que continúa infravalorada. «Cuando vino la pandemia, parecía que las cosas iban a cambiar, que se iba a valorar a los agricultores, el producto de aquí… Durante el tiempo de confinamiento repartimos mucho directamente en casas, pero al final, de aquello no quedó nada», lamenta.

Sobre las ayudas cree que no son suficientes y que las subvenciones condicionan demasiado a los agricultores.

Sin embargo, a pesar de todos los peros y de lo difícil del camino, Óscar lo tiene claro: Volvería a dedicarse a la agricultura. «Es un sacrificio, pero cuando tienes el producto en la mano es una enorme satisfacción», afirma con rotundidad.

El futuro

En cuanto al futuro, Óscar dice que es necesario que las instituciones incentiven a los jóvenes y que se apueste por la sostenibilidad: «Yo estoy totalmente en contra de los herbicidas y evito lo máximo posible el uso de químicos. Uso fitosanitarios ecológicos porque creo que hay que producir alimentos de calidad que no afecten a la salud de las personas», señala.

Cuando se le pregunta por sus objetivos de futuro Óscar dice que lo único que busca es «vivir tranquilo». Cuenta que es feliz plantando y atendiendo la tierra y que le llena de paz sentarse «debajo de un mato a fumarse un cigarro». Ahora mismo, su sueño, dice, es vivir de lo que planta. «Para el futuro, no quiero nada más». Lejos de las complicaciones y el bullicio de la ciudad, en Utiaca se siembran coles y sueños.